Los barrios de nuestra Comuna 11 se encuentran atravesando una de las crisis viales y comerciales más agudas de los últimos tiempos.
En el transcurso de los últimos meses, los residentes y comerciantes de Villa del Parque y el vecino barrio de Villa Santa Rita han visto cómo sus calles se transformaban en un laberinto impracticable de vallas, escombros, carteles de desvío y maquinaria pesada. Lo que originalmente se anunció como un ambicioso plan de modernización de la infraestructura urbana, saneamiento hidráulico y mejoras ferroviarias para prevenir inundaciones, se ha convertido, por la falta de una coordinación centralizada, en una auténtica pesadilla cotidiana para miles de conductores, peatones, usuarios del transporte público y trabajadores de la zona.
La superposición temporal y geográfica de múltiples frentes de obra, ejecutados de manera simultánea en arterias neurálgicas del entramado barrial, ha colapsado la circulación. La paciencia de los vecinos se encuentra totalmente agotada ante una gestión del espacio público que prioriza el inicio apresurado de los trabajos por sobre la fluidez de la vida barrial y el cuidado de los centros comerciales locales.
El centro comercial de la calle Cuenca, en el ojo de la tormenta
Uno de los focos de mayor conflictividad y malestar generalizado se concentra en la calle Cuenca, el eje central del corredor comercial a cielo abierto de Villa del Parque. Las cuadrillas del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires iniciaron allí una obra de gran envergadura destinada a la repavimentación integral de la calzada. Sin embargo, la intervención desató de inmediato cuestionamientos profundos tanto de habitantes históricos como de los dueños de los locales. Muchos afirman, con justificada indignación, que el asfalto original presentaba apenas un desgaste menor y que existían prioridades de bacheo mucho más urgente en calles secundarias del barrio que hoy se encuentran detonadas.
Para agravar la situación, el cierre total del paso a nivel de la calle Cuenca, combinado con la clausura de los accesos en la calle Ricardo Gutiérrez, obligó a modificar de forma abrupta e inconsulta el recorrido de numerosas líneas de colectivos. Los colectivos debieron redirigirse hacia calles residenciales más angostas, provocando desvíos masivos, rotura de veredas y un nivel de ruido ensordecedor.
El laberinto hidráulico de Villa Santa Rita
La problemática no se detiene en las cercanías de la estación ferroviaria. De manera simultánea, el barrio de Villa Santa Rita sufre los embates de una obra hidráulica que mantiene la calle Argerich completamente cortada en tres de sus cruces clave: las intersecciones con Juan Agustín García, Magariños Cervantes y Beláustegui. Las cuadrillas estatales avanzan con la instalación de nuevas tuberías de gran diámetro y sumideros destinados a mejorar el drenaje del agua pluvial. Aunque el propósito final de evitar anegamientos en días de tormenta es considerado positivo, la metodología de ejecución es duramente criticada.
Los vecinos del lugar reportan con indignación que en la misma manzana se han llegado a clausurar de forma total dos o incluso tres vías a la vez. Esta insólita superposición logística fuerza a los automovilistas a desandar manzanas enteras en contramano o a quedar encerrados en esquinas sin salida. Como consecuencia directa, la línea de colectivo 47 tuvo que alterar su traza histórica, lo que afectó gravemente a los usuarios regulares. Se eliminaron paradas esenciales sin previo aviso y las frecuencias se estiraron de modo alarmante, dejando a estudiantes y trabajadores esperando a la intemperie durante lapsos interminables.
Asimismo, al caer la tarde, la falta de una iluminación adecuada en las zonas linderas a los obradores potencia una creciente y justificada sensación de inseguridad. Al quedar desiertas, mal señalizadas y sumidas en la penumbra, muchas cuadras residenciales se han vuelto un blanco perfecto para la delincuencia, sumando un problema extra a la ya deteriorada calidad de vida de los frentistas.
Nogoyá: la promesa incumplida de los 40 días hábiles
Si hay una situación que terminó por colmar la paciencia de la comunidad es el inadmisible retraso que registra la reparación del paso a nivel de la calle Nogoyá. La obra ferroviaria fue formalmente anunciada a principios del mes de febrero con un plazo estricto de ejecución fijado en 40 días hábiles. No obstante, al día de hoy, 30 de abril de 2025, la barrera continúa totalmente fuera de servicio, acumulando casi tres meses de parálisis y demoras injustificadas.
Este bloqueo prolongado en el tiempo ha generado un desvío masivo e insostenible de automóviles, camiones y transporte de pasajeros hacia las avenidas perimetrales más cercanas. La arteria más perjudicada por este fenómeno es la Avenida Nazca, que se encuentra completamente saturada a toda hora. El colapso también salpicó de lleno a los pasos a nivel alternativos de las calles Empedrado y Tinogasta, donde la circulación de vehículos se vuelve directamente intransitable y peligrosa durante las denominadas horas pico.
El reclamo de una comunidad que exige respuestas urgentes
A través de las redes sociales, los foros vecinales y las asambleas barriales, los habitantes de la Comuna 11 han dejado en claro su postura: nadie pone en tela de juicio la relevancia y el beneficio a largo plazo que conllevan la modernización de los cruces ferroviarios, la renovación de cañerías obsoletas o la mejora de los pavimentos. Lo que se cuestiona con firmeza es la alarmante impericia y la absoluta falta de criterio logístico a la hora de solapar cierres vehiculares en arterias críticas de modo simultáneo.
«No tiene ningún sentido lógico que, mientras se encuentra totalmente cerrada la calle Nogoyá, decidan avanzar y cortar también la calle Cuenca», explicaba con resignación un comerciante del centro comercial. El estrés cotidiano de salir de los hogares sin saber si se podrá encontrar una sola vía de escape habilitada, o si el colectivo habitual pasará por su parada correspondiente, se ha transformado en el tema de conversación recurrente en los almacenes, farmacias y confiterías de la zona.
Ante este panorama desalentador, los vecinos organizados evalúan presentar un petitorio formal ante las autoridades de la Junta Comunal 11 y el Ministerio de Espacio Público de la Ciudad. El objetivo es exigir de manera urgente que se publiquen cronogramas de trabajo transparentes, que se agilicen las tareas en el paso a nivel de Nogoyá, que se mejore la señalización nocturna y que, por sobre todas las cosas, se detenga la política de cortes masivos simultáneos que mantiene a Villa del Parque en un jaque constante. La vida de un barrio no puede quedar suspendida indefinidamente detrás de una valla de obra.