Una huerta que también cultiva salud y comunidad en La Paternal

En la terraza del Centro de Salud y Acción Comunitaria (CeSAC) N° 22, ubicado en Fragata Presidente Sarmiento 2152, en La Paternal, crece una propuesta que combina alimentación saludable, cuidado del ambiente y encuentro comunitario.

Allí funciona una huerta en la que participan profesionales del centro de salud, residentes, pacientes y vecinos y vecinas del barrio.

La iniciativa comenzó a tomar forma después de la pandemia, cuando surgió la necesidad de recuperar los espacios al aire libre, volver a encontrarse y promover hábitos vinculados con una alimentación más saludable. El proyecto también recupera una experiencia que tiene antecedentes dentro del propio equipo del CeSAC y que se remonta a casi dos décadas.

La huerta se consolidó a partir de una capacitación brindada por el programa de Salud Ambiental del Gobierno de la Ciudad a los distintos CeSAC, destinada a promover la creación de huertas en los centros de salud. En el caso del CeSAC 22, los primeros pasos se dieron junto al proyecto Tierra, Techo y Trabajo (TTT), que funcionaba cerca de la institución y también impulsaba un vivero-huerta.

Luego de casi un año de trabajo, la huerta se trasladó a la terraza del centro de salud. La cercanía permitió que quienes trabajan allí pudieran incorporarla con mayor facilidad a sus actividades cotidianas y que pacientes y vecinos también tuvieran un acceso más directo.

El proyecto se construyó, además, desde el aprendizaje colectivo. Muchos de quienes participan comenzaron sin conocimientos específicos sobre horticultura y fueron aprendiendo en el camino. Parte de la jornada laboral de algunos integrantes del equipo se destina a las tareas de la huerta, que se convirtió en una actividad más dentro de una mirada integral sobre la salud.

Un espacio abierto al barrio

La propuesta está abierta a vecinos y pacientes, además de contar con la participación de residentes y profesionales de distintas áreas. Nutrición tiene una presencia importante, al igual que Educación y Promoción de la Salud, pediatría y las promotoras de salud.

Los residentes incluso cuentan con un bloque de huerta dentro de su formación. También participan integrantes de Suyai, un centro de día ubicado en las cercanías, que concurren aproximadamente cada quince días y que cuentan con una huerta propia en su sede.

Actualmente, las tareas se realizan los jueves de 10:00 a 12:00 horas. Entre los objetivos pendientes aparece la posibilidad de sumar otro horario, especialmente por la tarde, para facilitar la participación de personas que no pueden acercarse durante la mañana.

En los canteros se pueden encontrar acelga, lechuga, habas, coliflor, repollo, ají, níspero, tomate, berenjena y perejil, además de distintas plantas aromáticas, caléndulas y especies nativas. Las semillas entregadas inicialmente por el programa comenzaron a complementarse con semillas obtenidas de las propias cosechas, que son secadas y guardadas para volver a utilizarlas durante la próxima temporada.

El trabajo cotidiano también permite aprender sobre rotación de cultivos, asociación de plantas, compostaje y aprovechamiento de los recursos disponibles. La huerta es entendida como un pequeño ecosistema en el que las flores, aromáticas, plantas nativas y cultivos cumplen diferentes funciones y se relacionan entre sí.

Una terraza para encontrarse

Más allá de lo que se cosecha, el valor de la propuesta aparece en los vínculos que genera. La terraza comenzó a ser utilizada también por otros grupos y talleres del centro de salud. La juegoteca, las caminatas saludables y las actividades destinadas a adultos mayores encontraron allí un lugar diferente para desarrollar algunas de sus propuestas.

En una de esas actividades se realizó incluso un taller sensorial con aromáticas. Menta, curry y otras plantas fueron utilizadas para estimular el olfato y generar una experiencia distinta. La huerta también se vinculó con los talleres para personas con diabetes y con actividades relacionadas con la alimentación.

Para quienes participan, el espacio ofrece además una pausa dentro de la rutina laboral. Subir a la terraza, trabajar con la tierra y compartir un rato permite cortar con las tareas habituales y volver luego al trabajo con otra energía. Para los pacientes y vecinos, representa una posibilidad de aprender, participar y apropiarse de un espacio comunitario.

También hubo propuestas especialmente pensadas para chicos. Durante una actividad por el Día del Niño se prepararon plantines que luego fueron llevados por los participantes, además de decorar macetas. La intención es que las actividades continúen creciendo y que cada vez más personas puedan conocer y utilizar la terraza.

Hay proyectos pendientes, como la construcción de bancos y otros elementos a partir de palets recuperados. También se busca incorporar herramientas que faciliten las tareas de compostaje y preparación de la tierra.

La huerta del CeSAC 22 es, así, mucho más que un conjunto de plantas en una terraza. Es un espacio de aprendizaje, alimentación saludable, cuidado ambiental y encuentro. En un barrio donde los lugares comunitarios resultan cada vez más necesarios, la propuesta busca que la salud también pueda cultivarse entre semillas, tierra y vínculos.

La idea que atraviesa el proyecto es sencilla: aprovechar un espacio disponible para generar nuevas formas de participación y bienestar. Y, al mismo tiempo, recuperar algo que la pandemia había dejado en suspenso: la posibilidad de encontrarse nuevamente con otros, compartir experiencias y construir comunidad.

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