La Línea D volvió a funcionar, pero los pasajeros siguen esperando mejoras

A un mes de la reapertura, vecinos y usuarios cuestionan las demoras, las fallas en ascensores y escaleras mecánicas y el estado de algunas estaciones. El Gobierno porteño asegura que todavía se está calibrando el nuevo sistema de señales y anticipa una mejora en las próximas semanas.

La reapertura de la Línea D del subte, después de dos meses de cierre por trabajos de modernización, había generado expectativas entre los miles de pasajeros que utilizan diariamente uno de los principales corredores de transporte de la Ciudad. Sin embargo, a poco más de un mes de volver a funcionar, las quejas de los usuarios continúan y apuntan principalmente a las demoras, la falta de información en las estaciones y distintos problemas de infraestructura.

La línea permaneció cerrada durante dos meses para realizar obras vinculadas con la renovación del sistema de señales y el reemplazo de las 31 máquinas de cambio de vías. El objetivo anunciado por las autoridades era mejorar la seguridad y permitir una circulación más eficiente de las formaciones mediante la incorporación del sistema CBTC, una tecnología utilizada en redes de subterráneos de distintas ciudades del mundo.

Pero para quienes volvieron a utilizar la D después del cierre, la experiencia todavía está lejos de ser la esperada. Los pasajeros aseguran que las frecuencias pueden extenderse hasta diez o quince minutos, especialmente en determinados momentos del día. Antes de la interrupción del servicio, la línea podía alcanzar intervalos cercanos a los tres minutos durante los días hábiles.

Las demoras también se sienten durante el recorrido. De acuerdo con los testimonios de usuarios, las detenciones imprevistas entre estaciones hacen que un viaje que antes podía realizarse en aproximadamente 26 minutos entre Catedral y Congreso de Tucumán llegue a extenderse hasta unos 38 minutos.

A esto se suma otro reclamo frecuente: las pantallas ubicadas en las estaciones no siempre brindan información sobre la llegada del próximo tren. Para los pasajeros, la falta de datos aumenta la incertidumbre, especialmente cuando las formaciones demoran varios minutos en llegar y los andenes comienzan a llenarse.

Desde Subterráneos de Buenos Aires (Sbase), organismo dependiente del Gobierno porteño, explicaron que el nuevo sistema de señales todavía se encuentra en una etapa de calibración. Según señalaron, durante las próximas semanas debería comenzar a observarse una mejora en el servicio a partir de la puesta a punto del CBTC.

El nuevo sistema busca establecer una comunicación permanente entre las formaciones para permitir que los trenes circulen a menor distancia entre sí, manteniendo las condiciones de seguridad. El objetivo final es reducir los intervalos y mejorar la frecuencia, aunque los usuarios sostienen que todavía no perciben ese beneficio.

Las dificultades no se limitan a los tiempos de viaje. También existen reclamos por el funcionamiento de ascensores y escaleras mecánicas en distintas estaciones. En siete de las 16 estaciones de la línea se registraron inconvenientes con escaleras mecánicas, según los datos difundidos, mientras que en sectores como Juramento y Congreso de Tucumán también se denunciaron problemas con los ascensores.

Para las personas mayores, quienes tienen dificultades de movilidad o simplemente deben realizar combinaciones, estas fallas representan un inconveniente adicional. La situación se vuelve especialmente compleja en estaciones de gran circulación, como 9 de Julio, donde confluyen las líneas D y C y los pasajeros deben afrontar momentos de gran concentración de gente.

Desde Emova, la empresa concesionaria del servicio, indicaron que se realizan controles permanentes sobre los ascensores y las escaleras mecánicas. Explicaron que estos equipos tienen un uso intensivo y que los tiempos de reparación dependen del tipo de desperfecto y, en algunos casos, de la disponibilidad de repuestos importados.

Otro problema señalado por los usuarios aparece durante los días de lluvia. Las filtraciones de agua en algunas estaciones generan charcos y dificultades para circular. Uno de los puntos mencionados es la estación Palermo, donde se trabaja en una obra destinada a reforzar la canalización del agua.

Desde la concesionaria explicaron que determinadas filtraciones pueden estar relacionadas con pérdidas o desbordes de las redes de agua que se encuentran en superficie y atraviesan sectores ubicados por encima de los túneles. También señalaron que algunos episodios se intensifican durante jornadas de lluvias fuertes.

La situación vuelve a poner en discusión qué resultados concretos tendrán las obras realizadas durante los dos meses de cierre. Para los vecinos y trabajadores que utilizan la Línea D a diario, la expectativa era que la interrupción del servicio se tradujera en viajes más rápidos, mayor frecuencia y una experiencia más cómoda.

Por ahora, la promesa de una línea modernizada convive con reclamos por trenes que tardan en llegar, estaciones con equipos fuera de servicio y falta de información para los pasajeros. Las autoridades sostienen que se trata de una etapa de adaptación y que el nuevo sistema permitirá mejorar progresivamente el funcionamiento. Mientras tanto, quienes dependen de la D para trasladarse por la Ciudad deberán seguir esperando que esas mejoras anunciadas finalmente se hagan visibles en los andenes y durante el viaje. Para los usuarios, después de dos meses sin servicio, la expectativa es sencilla: que la modernización se traduzca cuanto antes en menos espera, viajes más previsibles y estaciones accesibles para todos.

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