¿Estornudos sin parar? El mapa que revela cuáles son las veredas más «imposibles» para los vecinos alérgicos

Una docente de la UBA elaboró un mapa interactivo que geolocaliza los más de 32.000 plátanos de las veredas porteñas. En los barrios que componen la Comuna 11 las cuadras «cargadas» encienden las alarmas en pleno inicio de la primavera.

Setiembre llegó con sus tardes templadas, pero también con el clásico e incómodo combo de rinitis, ojos enrojecidos y estornudos copiosos. Para miles de vecinos que habitan la Ciudad de Buenos Aires, el inicio de la primavera representa una verdadera odisea sanitaria.

El gran responsable es el Platanus hispánica —o plátano de sombra—, una especie que, si bien es ponderada en las grandes urbes por su copa frondosa, la sombra fresca que regala en verano y su altísima capacidad para filtrar la contaminación ambiental, se transforma en el terror de los alérgicos durante su época de floración.

Frente a este escenario que afecta la calidad de vida de la población, Luciana Staiano, licenciada de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires e investigadora del Conicet, desarrolló una ingeniosa herramienta digital interactiva: el «Mapa de Plátanos de CABA».

Este relevamiento cartográfico, confeccionado sobre la base de datos oficial del último Censo de Arbolado Urbano disponible, divide las calles porteñas en tres categorías muy claras para que peatones y ciclistas planifiquen sus recorridos cotidianos: las «cuadras llevaderas» (hasta 3 ejemplares por cada cien metros), las «cuadras cargadas» (entre 4 y 6 árboles) y las temidas «cuadras imposibles», que concentran 7 o más ejemplares en una sola extensión de cuadra.

El mapa encendió alertas inmediatas en diversos barrios porteños.

El impacto real en las veredas de la Comuna 11

Los datos oficiales arrojan un reflejo directo sobre nuestra Comuna 11. Según los registros históricos analizados, el plátano es el segundo espécimen más plantado de toda la Capital Federal, representando un 9% del arbolado total con 32.319 ejemplares distribuidos en las aceras públicas, únicamente superado por el fresno.

En la Comuna 11 existen cerca de 4.066 ejemplares, la cifra más alta de toda la ciudad. Su prolífica producción de frutos liberadores de pelusa durante fines de invierno y primavera provoca una nube irritante que se dispersa con el viento, causando molestias respiratorias y oculares, sobre todo en personas alérgicas, niños, mayores y quienes padecen enfermedades respiratorias crónicas.

Más allá del polen, responsable directo de reacciones alérgicas, esta pelusa irrita a toda la población, generando desde picazón y congestión nasal hasta dificultades respiratorias en casos sensibles.

En nuestras calles de Villa Devoto, Villa del Parque, Villa General Mitre y Villa Santa Rita, la distribución de este árbol ha generado históricas «zonas de riesgo» para los pacientes crónicos.

Aquellos vecinos que caminan diariamente por los alrededores de los centros comerciales a cielo abierto de la calle Cuenca o las inmediaciones residenciales de la Plaza Arenales saben bien lo que significa lidiar con el polen invisible de la floración y, semanas más tarde, con las pelusas que se desprenden de sus semillas maduras.

De hecho, la falta de actualización de estos indicadores oficiales motivó a que el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires iniciara un nuevo Censo de Arbolado en noviembre de 2025, aunque a la fecha actual de setiembre de 2026 sus resultados definitivos todavía no fueron puestos a disposición del ojo público.

Un debate legislativo que sigue cajoneado

La problemática de los plátanos y la salud pública está lejos de ser una novedad y despierta intensas discusiones barriales.

Hace exactamente un año, las redes sociales y los centros comunitarios locales se convirtieron en un escenario de debate tras conocerse un proyecto de ley formulado por los alumnos del Colegio Regina Virginum de Villa Crespo, en el marco del programa oficial «La Legislatura y la Escuela».

Aquel proyecto de ordenanza planteaba un plan progresivo de erradicación y reemplazo total de la especie Platanus en un plazo máximo de diez años, promoviendo la reforestación porteña con árboles nativos o de bajísimo índice alergénico.

La normativa estipulaba que las comunas debían sustituir al menos un 10% de los ejemplares de forma anual, priorizando las cuadras más saturadas.

No obstante, la iniciativa estudiantil topó con una fuerte resistencia por parte de agrupaciones ecologistas y especialistas botánicos, quienes defienden a los ejemplares centenarios argumentando que el daño de removerlos sería ambientalmente catastrófico debido al enorme pulmón de oxígeno y retención de carbono que proporcionan a la Ciudad.

Por el momento, las comisiones de la Legislatura porteña mantienen el expediente sin tratamiento, obligando a los vecinos alérgicos a seguir dependiendo de los antihistamínicos o, a partir de hoy, de los caminos alternativos que ofrece este nuevo mapa de la UBA.

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