En una calle tranquila de Villa del Parque, a pocas cuadras del movimiento constante de Cuenca, hay un café que no necesita carteles luminosos para llamar la atención. Quienes pasan distraídos tal vez ni lo noten. Pero quienes lo descubren, vuelven. Se trata de bien etre café, un rincón que con el tiempo se convirtió en un pequeño clásico del barrio.
El lugar abre de martes a domingo, de 8 a 21, y propone algo que no siempre es fácil de encontrar en la zona: un espacio donde quedarse sin apuro. Desde afuera, el perfil es discreto. Adentro, el ambiente cambia. Techos altos, luz natural que entra por amplios ventanales, plantas que suavizan el entorno y una decoración cálida que mezcla madera y detalles simples. En el fondo, una pequeña cascada aporta un sonido constante que invita a bajar el ritmo.
Pero si hay algo que explica por qué muchos lo recomiendan en voz baja es el café. La casa trabaja con granos seleccionados y distintos métodos de extracción. El espresso, equilibrado y aromático, es uno de los más pedidos. También hay filtrados, opciones con leche vegetal y cafés fríos para los días de calor. Cada taza llega a la mesa con cuidado, sin apuro, como parte de una experiencia que prioriza el detalle.
La carta acompaña esa misma idea. Hay pastelería artesanal, con alternativas sin TACC y propuestas vegetarianas. Las tortas caseras y las cookies suelen agotarse antes del cierre. Para quienes buscan algo más contundente, el brunch tiene protagonismo: tostadas con palta, croissants rellenos, sándwiches gourmet y opciones saladas que funcionan tanto para un desayuno tardío como para un almuerzo liviano.
Otro punto a favor es que el local es pet friendly. No es raro ver vecinos que se acercan con sus perros y eligen una de las mesas al aire libre cuando el clima acompaña. Esa combinación de café de especialidad, espacio verde y trato cercano terminó consolidando una clientela fiel, integrada en su mayoría por habitantes del barrio que valoran estos espacios de escala humana.
En tiempos donde muchas propuestas gastronómicas apuestan por la estética estridente o la rotación rápida de mesas, bien etre café sostiene otro ritmo. No hay música fuerte ni pantallas encendidas. Hay conversaciones, laptops abiertas, reuniones informales y también momentos de lectura en soledad.
Para llegar, basta con internarse en las calles residenciales de Villa del Parque y dejarse llevar por el aroma a café recién molido. A veces, los mejores lugares no están en las avenidas principales sino en esos rincones que se descubren casi por casualidad. Y cuando eso pasa, el barrio gana un punto de encuentro que vale la pena cuidar.