En una Ciudad donde hablar de precios inmobiliarios suele ser sinónimo de cifras cada vez más altas, en Villa del Parque aparece una excepción que empieza a llamar la atención: un pequeño pasaje donde todavía se consiguen propiedades a valores relativamente accesibles para el mercado porteño.
Se trata del Pasaje Martín Pescador, un rincón poco conocido de la Comuna 11 que, con su trazado en forma de “C”, rompe con la cuadrícula típica de Buenos Aires. Pero más allá de su particular diseño y su identidad barrial, lo que hoy genera interés es otro dato: los precios.
Según relevamientos del sector, en este sector todavía es posible encontrar PH de dos ambientes desde los 93.000 dólares, un valor que, en el contexto actual de la Ciudad, queda por debajo de muchas zonas con características similares.
Para entender la dimensión del dato, alcanza con comparar. En barrios cercanos o incluso dentro de la misma Comuna 11, los valores suelen arrancar bastante más arriba, sobre todo en zonas con desarrollo inmobiliario más intenso o cercanas a polos comerciales consolidados.
En el caso de este pasaje, el mercado se mueve en otra lógica. Las casas más grandes pueden escalar a los 200 o 300 mil dólares, pero la oferta de unidades más chicas mantiene un piso más accesible.
¿Por qué pasa esto en un barrio como Villa del Parque, que viene creciendo y consolidándose? Hay varias explicaciones. Una de ellas es la limitada oferta: al tratarse de un pasaje corto, con pocas propiedades y normativa que restringe la altura, no hay desarrollos masivos ni renovación constante del stock.
A eso se suma el tipo de construcción. Predominan viviendas antiguas, PH y casas de una o dos plantas, muchas de ellas con varios años encima. Si bien eso forma parte del encanto del lugar, también incide en los valores, sobre todo cuando requieren refacciones.
Sin embargo, lo que para algunos puede ser una desventaja, para otros es justamente la oportunidad. En un mercado donde cada vez cuesta más acceder a una propiedad, estos valores empiezan a posicionarse como una puerta de entrada para quienes buscan comprar en la Ciudad sin irse demasiado lejos.
El entorno también juega su papel. El pasaje conserva una escala barrial poco común: veredas anchas, árboles grandes, poco tránsito y tres pequeñas plazoletas que ordenan el espacio. Es un lugar donde el movimiento es bajo y donde todavía se mantiene cierta vida de comunidad.
Esa combinación —precio relativamente accesible, baja densidad y entorno tranquilo— explica por qué la demanda se mantiene estable, incluso con una oferta limitada. No es una zona de alta rotación, pero sí de interés sostenido.
En paralelo, el valor del metro cuadrado ronda los 2.000 dólares, una cifra intermedia dentro del mercado porteño, pero que en este caso convive con oportunidades más económicas en unidades puntuales.
En Villa del Parque, donde los precios vienen mostrando una tendencia al alza en los últimos años, este tipo de enclaves funcionan como una rareza. Lugares donde todavía se puede encontrar algo distinto: no solo por la forma de la calle o la historia del lugar, sino también por valores que, al menos por ahora, se mantienen por debajo del promedio.
Para muchos vecinos, la clave está en que ese equilibrio no se pierda. Porque en una ciudad donde todo tiende a encarecerse, encontrar un rincón con precios más accesibles y vida de barrio no es un dato menor. Es, en definitiva, una excepción que todavía resiste.