Un tradicional puesto de diarios ubicado frente a la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires encontró una nueva manera de adaptarse a los tiempos que corren. Desde el 01 de agosto, el histórico kiosco de chapa ubicado en la esquina de Junín y Paraguay, frente a la Plaza Houssay, ofrece café de especialidad, sin abandonar su vínculo con la actividad de los canillitas.
La propuesta se llama Canillita y combina dos mundos que, a primera vista, podrían parecer muy diferentes: la venta y distribución de diarios y revistas y la creciente cultura del café de especialidad. La iniciativa fue puesta en marcha por tres jóvenes emprendedores que decidieron recuperar un antiguo puesto y darle una nueva función, aprovechando también la enorme circulación de estudiantes y trabajadores que caracteriza a la zona.
El emprendimiento abrió sus puertas el jueves 01 de agosto, con una particularidad que lo diferencia de una cafetería tradicional: sus responsables insisten en que se trata de un puesto de diarios que también vende café. De hecho, el reparto de publicaciones continúa durante las primeras horas de la mañana, mientras que a partir de las 07:00 horas comienza la atención al público con la propuesta gastronómica.
Del diario de la mañana al café al paso
La reconversión de los puestos de diarios es consecuencia de un cambio que se viene produciendo desde hace años. La caída en la venta de diarios y revistas impresos obligó a muchos canillitas a buscar nuevas alternativas para sostener una actividad que durante décadas fue parte del paisaje cotidiano de Buenos Aires.
En noviembre de 2023, además, se produjo un cambio normativo importante. La Resolución 1481/2023 del Ministerio de Trabajo incorporó entre las actividades permitidas para los puestos de diarios el expendio de bebidas no alcohólicas, incluyendo expresamente los servicios de cafetería. La medida abrió la puerta a nuevas experiencias de reconversión sin que necesariamente desaparezca la actividad tradicional.
En el caso de Canillita, la idea fue aprovechar esa posibilidad y conservar la identidad del puesto. El proyecto buscó recuperar una estructura que había quedado prácticamente abandonada y transformarla en un pequeño punto de encuentro urbano.
La ubicación resultó determinante. Por la zona circulan diariamente miles de estudiantes de la Facultad de Medicina y de otras instituciones educativas cercanas. Para muchos de ellos, el nuevo puesto aparece como una parada rápida antes de entrar a clases o durante una pausa.
La propuesta está pensada fundamentalmente para llevar, con una atención rápida y un espacio reducido. El menú incluye distintas variedades de café de especialidad y opciones para acompañarlo.
Revistas que vuelven a ser protagonistas
Pero el café no es el único elemento novedoso. La apertura estuvo acompañada por una intervención artística que busca recuperar la memoria de los viejos kioscos porteños.
El 1° de agosto se presentó una muestra integrada por 40 collages realizados por la artista Monsy Abril, elaborados a partir de revistas intervenidas. Las obras funcionan como un homenaje a esas publicaciones que durante décadas ocuparon un lugar central en los puestos de diarios de la Ciudad.
La elección tiene un sentido particular. En lugar de ocultar el pasado del lugar, los responsables de Canillita decidieron incorporarlo a la nueva propuesta. Las revistas dejan de ser solamente una mercancía y pasan a formar parte de la ambientación y de la identidad del emprendimiento.
La iniciativa también busca recuperar algo del vínculo cotidiano que históricamente existió entre el canillita y los vecinos. Durante décadas, comprar el diario implicaba conocer al vendedor, intercambiar unas palabras y comenzar la jornada con las noticias del día. Ahora, a esa escena se suma una taza de café.
Una tendencia que llega a Buenos Aires
La idea de combinar puestos de diarios y cafeterías no surgió en la Argentina. Sus impulsores tomaron como referencia experiencias que ya funcionan en distintas ciudades europeas, donde estos pequeños locales fueron adaptándose a la pérdida de protagonismo de la prensa gráfica.
En Buenos Aires, la posibilidad de sumar cafetería se vio favorecida por el cambio de normativa de 2023. Para quienes impulsaron Canillita, la apuesta consiste en demostrar que un puesto de diarios puede seguir siendo útil y atractivo aun cuando el hábito de comprar publicaciones impresas haya cambiado.
La propuesta también se inscribe en el crecimiento de las cafeterías de especialidad en la Ciudad. Durante los últimos años, el café dejó de ser solamente una bebida para convertirse en una experiencia gastronómica y cultural. Nuevos locales aparecieron en barrios y zonas universitarias, con consumidores que buscan diferentes métodos de preparación y variedades de granos.
Canillita intenta llevar esa tendencia a un formato mucho más pequeño y tradicional.
Un puesto que no quiere dejar de ser canillita
La diferencia fundamental con una cafetería convencional está, precisamente, en que el puesto conserva parte de su función original. Según explicaron sus responsables, el reparto de diarios y revistas continúa y los clientes habituales siguen recibiendo sus publicaciones.
La iniciativa representa así una transformación sin ruptura total con el pasado. El puesto mantiene su nombre, su estructura y su vínculo con la prensa gráfica, pero incorpora una actividad que permite atraer a un público nuevo.
Para los vecinos que recuerdan los antiguos kioscos de diarios, la imagen puede resultar llamativa: donde antes se compraba el ejemplar de la mañana, ahora también se puede pedir un café flat white, un espresso o un café con leche para llevar.
Para los estudiantes que pasan por la zona, probablemente sea simplemente una nueva opción para comenzar el día. En definitiva, Canillita no elimina al viejo puesto de diarios: busca darle una nueva vida. En una ciudad donde los hábitos cambian y muchos espacios tradicionales desaparecen, la experiencia intenta demostrar que también es posible adaptarse sin perder completamente la identidad. Y en una esquina marcada por la actividad universitaria, el aroma del café vuelve a poner en movimiento un pequeño puesto que parecía destinado a quedar en el recuerdo.