Tras dejar su histórica sede junto a All Boys, el centro secundario para jóvenes y adultos funciona ahora en José Cubas 4182 y atraviesa una etapa de reconstrucción. Su director, Álvaro Rosado, y la docente Ornella cuentan cómo la radio, las visitas a la universidad y las historias de quienes vuelven a estudiar pueden transformar trayectorias personales.
El CENS 88 atraviesa un año de cambios. Después de funcionar durante años en Miranda 4173, en Monte Castro, debajo de una de las tribunas del Club Atlético All Boys, el establecimiento se trasladó a José Cubas 4182, en Villa Devoto. La mudanza no significó solamente cambiar de edificio: también obligó a volver a presentarse ante el barrio, reconstruir una identidad y recuperar estudiantes.
“Todo el barrio nos conocía. Eso implicaba una identidad, un reconocimiento hacia el CENS”, explicó su director, Álvaro Rosado, durante una entrevista con este medio. En la antigua sede la matrícula rondaba los 60 o 65 alumnos. Con el traslado, contó, ese número descendió y el equipo educativo tuvo que retomar una tarea casi artesanal de difusión: redes sociales, volantes, afiches y contacto directo con quienes buscan terminar el secundario.
La sede actual ya aparece registrada por el propio Ministerio de Educación porteño en sus actos públicos: José Cubas 4182, Villa Devoto. El CENS 88 es de gestión estatal, funciona por la mañana y su orientación es Bachiller en Comunicación.

Los Centros Educativos de Nivel Secundario están destinados principalmente a personas mayores de 18 años que necesitan iniciar, retomar o completar el secundario. Son públicos y gratuitos, su plan tiene una duración de tres años -con posibilidad de reconocer estudios anteriores- y el título obtenido tiene validez nacional para continuar estudios terciarios o universitarios.
Un CENS con un calendario diferente
El 88 tiene además una particularidad: funciona con un régimen de agosto a agosto. Rosado explicó que este esquema permite ofrecer una nueva oportunidad a quienes dejaron una escuela durante los primeros meses del año y no quieren esperar hasta el ciclo siguiente para retomar. Según señaló, el CENS 88 es el único de la Ciudad que combina este régimen con el turno mañana.
El primer nivel reúne las materias de formación básica. A partir del segundo aparecen las asignaturas específicas de la orientación: Introducción a la Comunicación, Teorías de la Comunicación y Taller de Producción en Lenguajes Multimediales, entre otras.
“Mi propósito, dentro de lo que es el proyecto escuela, es darle más preponderancia a la orientación”, explicó el director. Para Rosado, la comunicación no debe quedar solamente en la teoría: los alumnos tienen que investigar, escribir, producir, grabar, entrevistar y asumir los distintos roles que existen detrás de un contenido.
Esa idea se materializa en uno de los proyectos más ambiciosos que hoy impulsa la institución.
Cinco CENS y una radio que transmite las 24 horas
El CENS 88 trabaja junto con los CENS 22, 44, 60 y 86 en una emisora por internet que transmite durante las 24 horas, según explicó Rosado. La programación se construye con producciones realizadas por los propios estudiantes: programas de radio, podcasts, informes, campañas de interés público, entrevistas y hasta radioteatros.
Conoce la radio del CENS aquí: https://www.instagram.com/p/DeaTwizOPx4
La mayor parte de ese contenido se graba previamente y luego se incorpora a la programación continua. Pero el proyecto contempla también una experiencia en vivo: hacia el final del ciclo, los alumnos preparan un programa integral de tres horas en el que intentan cubrir los diferentes roles de una emisión radial.
La experiencia que terminó dando forma al proyecto comenzó en el CENS 86. Rosado contó que hubo una prueba piloto en 2025 y que, en junio de este año, realizaron una transmisión de tres horas. A partir de allí surgió la idea de vincular a los centros que trabajan con la orientación en Comunicación y producir contenidos de manera conjunta.
La propuesta tiene un objetivo pedagógico concreto. En lugar de reducir una evaluación a un examen escrito u oral tradicional, los docentes pueden plantear la elaboración de un informe o un podcast. Para llegar al micrófono, el estudiante tiene que investigar, redactar, ordenar las ideas, leer, pronunciar con claridad y coordinar el trabajo con sus compañeros.
“Primero tenés que redactar, y luego tenés que leer, expresarte bien y pronunciar bien, para que el oyente pueda escucharte y entender qué estás transmitiendo”, resumió Rosado. El trabajo, agregó, también obliga a asumir responsabilidades grupales: si uno de los integrantes falta, la producción completa puede resentirse.

En el edificio de José Cubas ya armaron un pequeño estudio provisorio. Todavía no cuentan con una cabina separada para el operador y los recursos son limitados, pero el proyecto avanza. Rosado incluso imagina aprovechar otro sector del inmueble para instalar en el futuro un estudio de radio más completo y desarrollar producciones audiovisuales.
Una visita a la UBA que terminó cambiando una decisión
Durante la entrevista se sumó la profesora Ornella Rabitti, docente de la materia Comunicación Discursos Sociales y Medios del CENS, y contó una experiencia que ayuda a comprender hasta dónde puede llegar una actividad educativa fuera del aula.
Cuando estaba a cargo de la materia Expresión Oral y Escrita, uno de sus grupos adaptó el cuento «Cuando hablamos con los muertos» de Mariana Enríquez, para convertirlo en podcast. En clase prepararon el texto, definieron las voces de los personajes, pensaron los sonidos y los efectos y ensayaron la producción. Después consiguieron un turno para grabarla en un estudio de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires.
El paso del aula a un estudio profesional cambió por completo el clima. Había un operador, tiempos que respetar y una grabación que debía resolverse dentro del horario asignado. “Los puso en otra situación, como en otra tensión”, recordó Ornella.

Cuando recibieron y escucharon el producto terminado, los alumnos no podían creer el resultado. La actividad también fortaleció al grupo: un estudiante que hasta entonces se relacionaba poco con el resto había quedado a cargo de buena parte de la adaptación escrita y terminó interviniendo activamente, dando indicaciones y ayudando a sus compañeros durante el trabajo.
Pero hubo una consecuencia todavía más significativa. Uno de aquellos estudiantes decidió inscribirse en la facultad después de conocerla.
Para Ornella, el recorrido por el edificio fue parte decisiva de la experiencia. No se trató solamente de entrar al estudio de radio: caminaron por los pasillos, observaron otros espacios de producción y descubrieron un mundo universitario que muchos no conocían. “Ellos estaban fascinados. No se esperaban encontrar un espacio así”, recordó la docente.
La anécdota encierra una dimensión que trasciende la producción de un podcast. Para un alumno que retomó el secundario después de haber interrumpido su trayectoria educativa, conocer una universidad puede convertir algo lejano en una posibilidad concreta.
Rosado lo sintetizó durante la conversación: “Un poco la función del CENS es esa también”.
Generaciones diferentes en una misma aula
Otra característica del CENS es la diversidad de edades. En sus cursos conviven jóvenes con alumnos que rondan los 70 años. Rosado destacó especialmente el rol de los estudiantes mayores, que muchas veces llegan antes que el resto, participan activamente y hasta son elegidos como delegados por sus compañeros.
Esa convivencia, lejos de convertirse necesariamente en una barrera generacional, puede funcionar como estímulo.“Los más jóvenes dicen: ‘Si él o ella pueden, ¿por qué yo no?’”, señaló el director.

El acompañamiento resulta particularmente importante durante las primeras semanas. Muchos alumnos regresan después de diez o veinte años alejados de una escuela. Algunos atraviesan problemas laborales, económicos o familiares; otros sienten que perdieron el hábito de leer o estudiar y llegan convencidos de que no van a poder continuar.
El equipo docente intenta escuchar esas situaciones y adaptar el acompañamiento. “El primer día quieren abandonar. Tienen miedo”, contó Rosado. Con el paso de las semanas, agregó, muchos comienzan a comprobar que pueden volver a aprender y encontrar su lugar dentro del grupo.
“Además de ser profes que enseñamos las materias correspondientes, también somos personas humanas, en el sentido de entenderlos y comprenderlos”, resumió.
Edith: terminar el secundario y seguir estudiando pese a las resistencias
Hacia el final de la entrevista, Rosado recordó una historia que conserva especialmente.
Edith había retomado sus estudios siendo adulta. Fue muy buen alumna. Finalizo sus estudios. El día en que recibió el diploma del secundario, el director advirtió que ningún familiar había ido a acompañarla.
Le preguntó qué había ocurrido. Según recordó Rosado, Edith le contó que su marido no quería que estudiara y que sus hijos tampoco apoyaban su decisión. Tendría entonces alrededor de 35 o 40 años. Aun así, terminó el secundario.
Después perdió contacto con ella. Tiempo más tarde volvió a encontrarla a través de las redes sociales y descubrió que Edith no se había detenido allí: había continuado estudiando y se había recibido de enfermera.
Para Rosado, aquella trayectoria resume buena parte de lo que ocurre en la educación de adultos. “No había ningún obstáculo que a ella la detuviera para seguir estudiando”, recordó.
La historia no termina, entonces, en haber saldado una deuda pendiente con el secundario. El paso por el CENS abrió una etapa nueva y permitió que una mujer que había tenido que enfrentar resistencias dentro de su propia familia continuara su formación profesional.
Casos como el de Edith son también una herramienta de bienvenida para quienes empiezan.
Rosado suele convocar a antiguos alumnos al comienzo del ciclo lectivo para que cuenten cómo fue volver a estudiar, qué dificultades encontraron y qué cambió después de recibir el título.
No hablan desde una teoría pedagógica, hablan desde la experiencia de haber estado sentados en esas mismas aulas.
Para el CENS 88, ahora instalado en Villa Devoto, ese es quizás el desafío que atraviesa todos los demás: hacerse conocido en un nuevo barrio sin perder la identidad construida durante años.
La radio, los podcasts, las visitas a la universidad y las historias de quienes lograron continuar estudiando forman parte de esa búsqueda.
En un establecimiento al que llegan personas con recorridos muy diferentes, la meta final no parece ser solamente aprobar materias o recibir un diploma.
También es que quien vuelve a estudiar descubra que todavía puede abrir otra puerta.