A pocas horas de abrir sus puertas en el Centro Cultural Recoleta, la muestra “Comienzo del juego” se alista para homenajear a Julio Cortázar por sus 110 años de nacimiento, combinando un túnel lúdico de 93 metros, piezas de grandes artistas visuales y reliquias íntimas del autor de Rayuela.
Hay caminatas que empiezan en la vereda de Junín, entre el adoquinado gastado por el pulso porteño y el aroma a garrapiñadas de los carritos, pero que de pronto, al cruzar el umbral del Centro Cultural Recoleta, Junín 1930, deciden torcer las manecillas del reloj.
Mañana martes 15 de octubre, justo cuando la ciudad comience a sacudirse el trajín de la mañana, quedará inaugurada oficialmente “Comienzo del juego”. No se trata de una exposición convencional de vitrinas silenciosas y cartelas aburridas; es, en el fondo, una travesía tentacular por los pasillos mentales de Julio Cortázar, a ciento diez años exactos de su llegada al mundo en aquella lejana Bruselas y a cuatro décadas de su partida física.
Desde este rincón del periodismo barrial, donde a veces nos gusta pensar que las esquinas de Buenos Aires guardan el secreto paso a otro lado —como un zaguán que de golpe desemboca en París o una respiración que cambia el compás de la calle—, fuimos a husmear los preparativos. Los martillazos todavía resuenan bajos, el olor a pintura fresca convive con el crujir de la madera noble y los curadores acomodan, con pinzas de entomólogo, fragmentos de un rompecabezas infinito.
Un túnel para ensayar saltos a la otredad
El corazón físico de esta celebración se instalará en la emblemática Sala Cronopios. Allí, el curador Rodrigo Alonso ideó una auténtica osadía espacial: un túnel serpenteante de más de 90 metros de extensión que obliga al visitante a dejar atrás la lógica del almacenero o del colectivero apurado. No hay un sentido obligatorio ni un plano cartesiano que dicte por dónde empezar. Uno entra porque sí, empujado por la curiosidad o por el viejo mandato de los juegos de la infancia.
A ambos lados de ese gran pliegue arquitectónico, la literatura del autor se hace carne gracias al pulso de los grandes maestros del arte argentino. Convivirán allí chispazos plásticos y poéticos firmados por Marta Minujín, Edgardo Giménez, León Ferrari, Pablo Suárez, Fermín Eguía, Graciela Taquini y Mildred Burton. Ver una instalación sonora o un cuadro inspirado en Bestiario o en Las babas del diablo enclavado en medio de nuestro viejo centro cultural es una prueba cabal de que el viejo Julio sigue respirando en el contrapié de nuestra cultura.
Los objetos que guardan el secreto del mago
Pero tal vez lo más conmovedor para quienes caminamos estos barrios buscando historias con pulso humano sea el sector dedicado a los tesoros íntimos. En las salas J y C, bajo la mirada aguda de los equipos de investigación literaria, se han dispuesto manuscritos originales, fotografías inéditas que lo muestran con su eterna gata Teodoro o fumando en un café parisino, además de objetos personales que parecen cargados de una magia doméstica.
Hay una pipa, un cuaderno con anotaciones al margen donde la letra prolija e inclinada traza ideas para futuros cuentos, y discos de jazz que uno casi puede escuchar rasgando el vinilo si apoya la oreja contra la pared. Es el Cortázar cotidiano, el que caminaba Banfield de pibito pateando piedras y el que después, desde la distancia, siguió oliendo a mate y a baldía porteña.
Una fiesta abierta para la barriada
La muestra mantendrá sus puertas abiertas desde este 15 de octubre hasta el próximo 23 de marzo de 2025. Podrá visitarse de martes a viernes entre las 13:00 y las 22:00 horas, y los sábados, domingos y feriados desde las 11:00 hasta las 22:00 horas.
Conviene remarcar un dato fundamental para el bolsillo de nuestros vecinos: el ingreso será completamente libre y gratuito para todos los residentes argentinos.
El Ministerio de Cultura de la Ciudad cierra así un año entero de homenajes dispersos —charlas, ciclos de cine en los bodegones culturales y lecturas públicas— coronando todo en este caserón de Recoleta que lleva con orgullo su nombre.
Mañana, cuando se corran las vallas y la gente empiece a transitar el gran laberinto, volveremos a comprobar que Cortázar tenía razón: la realidad es un bostezo espeso, a menos que uno se anime a saltar la baldosa floja. Y la Recoleta, por unos meses, se convierte en la raya perfecta para empezar el salto.
Los ciclos cinematográficos y las actividades de debate que complementan la gran muestra sobre el autor se realizan principalmente en el Cine y la Capilla del Centro Cultural Recoleta.
La programación central se organiza bajo las siguientes pautas:
Ciclo Central: “Las puertas del cielo”
Este espacio se enfoca en las polémicas literarias, las influencias musicales y el cruce del escritor con el séptimo arte. Las proyecciones y mesas de debate se programan para los miércoles a las 19:00 horas.
Entre sus encuentros principales se destacan:
- Encuentros de debate y literatura: Charlas con escritores y críticos para analizar la ruptura espacio-temporal y el desdoblamiento en sus cuentos.
- Cine y música: Proyecciones y mesas especiales sobre el impacto del jazz en su prosa (como el documental Esto lo estoy tocando mañana).
- Directores cortazarianos: Mesas especiales tituladas «Las puertas del cine», dedicadas a analizar cómo Manuel Antín y Michelangelo Antonioni leyeron y adaptaron las obras del autor.
Ciclo: «Cortázar, imágenes de muchos mundos»
Este ciclo paralelo se mete de lleno con la adaptación de su narrativa a la pantalla, explorando la delgada línea entre lo real, lo fantástico y el juego estético de sus relatos.
- Horarios: Las funciones están pautadas de jueves a domingos a las 19:00 horas en la sala de Cine del complejo.
Datos clave para el vecino
- Entrada: Al igual que la exhibición principal, las funciones de cine son gratuitas para residentes argentinos.
- Modalidad: No hace falta reservar entrada con anticipación por web; el ingreso se realiza directamente por orden de llegada hasta colmar la capacidad de la sala. Conviene estar unos 20 o 30 minutos antes en el pasillo para asegurar lugar.