Mucho antes de convertirse en una de las avenidas más transitadas de Villa Devoto, Beiró fue un camino rural que atravesaba tierras de quintas, chacras y antiguos establecimientos. Su trazado acompañó el nacimiento del barrio y tuvo distintos nombres antes de llevar el apellido de uno de los vecinos más reconocidos de la zona.
Hoy cuesta imaginarla de otra manera. Colectivos, comercios, autos, escuelas y vecinos que cruzan de un lado a otro hacen de la Avenida Francisco Beiró una de las arterias que mejor identifican a Villa Devoto. Pero su historia comenzó mucho antes de que el barrio tuviera las calles y las casas que conocemos.
El camino que con el tiempo se convertiría en Beiró ya existía cuando esta zona todavía era un territorio de quintas y grandes propiedades. Durante buena parte del siglo XIX, la actual avenida funcionaba como referencia entre distintos terrenos y, además, marcaba el límite entre los partidos de Flores y San Martín. En sus alrededores había chacareros, quinteros y antiguas propiedades rurales.
Cuando a fines de la década de 1880 comenzó a tomar forma el proyecto de Villa Devoto, aquel camino pasó a ocupar un lugar central. El Banco Inmobiliario, presidido por Antonio Devoto, adquirió una extensa fracción de tierras y comenzó a desarrollar una nueva urbanización. En los planos de 1889, la avenida ya aparece como Avenida del Progreso y su recorrido fue utilizado como uno de los ejes para organizar las nuevas manzanas.
Antes de Beiró hubo otros nombres
La avenida no siempre se llamó como hoy. Según los registros históricos, antes de adoptar su denominación actual fue conocida como Camino de Gainza, luego Avenida del Progreso y más tarde Avenida de las Tres Cruces.
Ese último nombre quedó asociado durante décadas a la vida del barrio. De hecho, los festejos populares también llegaron a ocupar la avenida: el tradicional corso de Carnaval de Villa Devoto se realizó allí a partir de 1938, después de haber tenido como escenario la Plaza Arenales.
El nombre actual llegó en homenaje a Francisco Beiró, un abogado y dirigente político que tuvo una fuerte relación con Villa Devoto. Beiró vivió en el barrio y tuvo una activa participación en instituciones locales. Fue presidente del Consejo Escolar del Distrito 17 durante distintos períodos y también ocupó cargos políticos de relevancia nacional. En 1928 acompañó a Hipólito Yrigoyen como candidato a vicepresidente, pero murió el 22 de julio de ese año, antes de asumir.
La elección de su nombre no fue casual. Para los vecinos de la época, Beiró era una figura vinculada al crecimiento de Devoto y a distintas iniciativas relacionadas con la vida comunitaria.
Una avenida que creció con el barrio
La historia de Beiró también permite entender cómo cambió Villa Devoto. Cuando Antonio Devoto y el Banco Inmobiliario comenzaron a lotear estas tierras, la avenida era todavía parte de un paisaje rural. Los primeros planos debieron adaptarse a caminos y vías ferroviarias que ya atravesaban la zona, y la apertura y conexión de las calles fue un proceso que llevó años.
Con el crecimiento de la población llegaron las casas, los comercios, el transporte y los servicios. También apareció sobre la avenida una construcción que todavía hoy llama la atención: el antiguo depósito de agua de Beiró, levantado en el marco de las obras de abastecimiento de agua potable de comienzos del siglo XX. El edificio fue construido en 1917 y en 2022 fue declarado Monumento Histórico Nacional.
Más de un siglo después de aquellos primeros planos, la avenida sigue cumpliendo una función parecida: conectar y ordenar una parte importante de Villa Devoto. La diferencia es que donde antes había caminos entre quintas hoy hay una de las principales arterias del barrio. Cada día, miles de personas la recorren sin detenerse a pensar que debajo del asfalto todavía queda la huella de aquel antiguo camino rural que acompañó, desde el comienzo, el nacimiento de Villa Devoto.