Subtes: advierten que la falta de trenes profundiza las demoras en las líneas C y D

Un informe señala que las dos líneas presentan un faltante de hasta el 40 % de las formaciones necesarias durante las horas de mayor demanda. Salvo la línea H, el resto de la red porteña también registra déficit de material rodante, una situación que impacta directamente en las frecuencias y en los tiempos de espera de los pasajeros.

Las quejas de los usuarios por las demoras y las bajas frecuencias en la red de subterráneos porteña vuelven a poner en el centro del debate la falta de material rodante. Según información publicada por La Política Online, las seis líneas del sistema presentan distintos niveles de déficit y, en algunos casos, circulan con una cantidad de formaciones considerablemente menor a la necesaria para responder a la demanda en las horas pico.

Las situaciones más críticas se registran en las líneas C y D. De acuerdo con los datos difundidos, ambas presentan un faltante cercano al 40 % de las formaciones que deberían estar en servicio durante los momentos de mayor movimiento, principalmente entre las 09:00 y las 10:00 horas de la mañana y entre las 17:00 y las 19:00 horas.

En el ámbito ferroviario, se denomina “máxima” al momento en el que circula la mayor cantidad posible de trenes en una línea. La cantidad necesaria depende de factores como la extensión del recorrido, el número de estaciones y el volumen de pasajeros. Además, especialistas del sector señalan que cada línea debería contar con unidades de reserva para realizar tareas de mantenimiento, cubrir revisiones o reemplazar formaciones ante eventuales averías.

Sin embargo, la realidad del sistema está lejos de ese escenario. La Línea C, por ejemplo, debería contar con 15 formaciones en circulación durante la hora pico, pero solo dispone de nueve en condiciones de prestar servicio. Esta situación no solo afecta la frecuencia, sino que también deja poco margen para afrontar desperfectos o realizar tareas de mantenimiento sin reducir aún más la cantidad de trenes disponibles.

La Línea D atraviesa un panorama similar. Tras su reapertura en marzo, luego de dos meses cerrada, los pasajeros continuaron manifestando su malestar por los tiempos de espera. La línea, que recorre 10,6 kilómetros y cuenta con 16 estaciones, debería operar con 22 formaciones durante la máxima, aunque recientemente circularon apenas 13. El faltante de trenes, sumado a los trabajos y cambios en el sistema de señales, repercute directamente en la regularidad del servicio.

El problema también se extiende al resto de la red. La Línea A debería contar con 18 formaciones en hora pico, pero opera con entre 13 y 15. En la Línea B, la más utilizada del sistema, circulan unas 15 formaciones cuando se requieren al menos 16 para alcanzar su máxima capacidad, aunque desde el sector advierten que una flota más amplia permitiría mejorar el servicio y disponer de mayores reservas.

La Línea E tampoco escapa a esta situación: debería tener 14 formaciones en funcionamiento durante los horarios de mayor demanda, pero cuenta con entre nueve y diez. De esta manera, salvo la Línea H, todas las líneas presentan algún tipo de déficit en la disponibilidad de trenes.

Especialistas consultados por el medio señalaron que la falta de unidades puede generar un círculo difícil de revertir. Con menos trenes disponibles, las formaciones que permanecen en servicio deben trabajar con mayor intensidad, mientras que las posibilidades de retirarlas para mantenimiento se reducen. Esto puede provocar un aumento de las averías y, como consecuencia, nuevas demoras.

En medio del creciente malestar de los pasajeros, la concesionaria Emova comenzó a difundir mensajes en algunas estaciones atribuyendo parte de las demoras a medidas sindicales, situación que derivó en una denuncia ante la Secretaría de Trabajo.

Más allá de las explicaciones coyunturales, el déficit de material rodante aparece como uno de los principales problemas estructurales del subte porteño. Mientras las frecuencias continúan siendo motivo de reclamo para miles de usuarios, la incorporación y recuperación de formaciones se presenta como una condición clave para mejorar un servicio fundamental para la movilidad cotidiana en la Ciudad de Buenos Aires.

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