La Universidad de Buenos Aires incorporó a su Red de Museos el histórico espacio de la Facultad de Agronomía donde permanecen pintadas de agrupaciones estudiantiles y marcas de la Triple A. Ubicado sobre la avenida San Martín, abrirá sus puertas el 14 de noviembre durante La Noche de los Museos. Una propuesta de memoria y reflexión muy cerca de los vecinos de la Comuna 11.
La historia política y estudiantil de la década de 1970 tiene un nuevo lugar para ser conocida y preservada. La Universidad de Buenos Aires (UBA) declaró museo a El Altillo, un espacio ubicado en el Pabellón Central de la Facultad de Agronomía, donde todavía se conservan inscripciones realizadas por estudiantes y las posteriores intervenciones de la organización parapolicial conocida como Triple A.
La incorporación a la Red de Museos de la UBA representa un nuevo reconocimiento para este sitio, que durante años permaneció oculto y que hoy constituye un testimonio material de una etapa marcada por la persecución política y la violencia en la Argentina.
El lugar está situado sobre el Salón de Actos de la Facultad de Agronomía, en avenida San Martín 4453, en el barrio de Agronomía. Su ubicación lo convierte también en una alternativa cultural de interés para los vecinos de Villa del Parque y Villa Devoto, que tienen en esta institución universitaria un espacio cercano para conocer parte de la historia reciente del país.
Las paredes que guardaron una historia
Durante los primeros años de la década de 1970, El Altillo funcionó como punto de encuentro de agrupaciones estudiantiles de la Facultad. Allí se realizaban reuniones, debates y actividades de organización política. Como reflejo de aquella participación, las paredes quedaron cubiertas de consignas e insignias de distintas organizaciones.
Hacia fines de 1974, en medio de un clima de creciente persecución, los estudiantes tuvieron que abandonar el lugar. Antes de retirarse dejaron escritas sus consignas y un mensaje que expresaba la voluntad de regresar.
Tiempo después, integrantes de la Alianza Anticomunista Argentina, conocida como Triple A, cubrieron las pintadas con varias capas de cal blanca y dejaron sus propias marcas sobre las paredes. Esa superposición de inscripciones quedó preservada y hoy permite reconstruir visualmente parte de aquellos acontecimientos.
Durante casi cuatro décadas, el espacio permaneció cerrado y fue utilizado como depósito. El hallazgo se produjo en 2015, cuando un grupo de estudiantes descubrió las antiguas pintadas que habían sobrevivido debajo de las capas de cal.
A partir de entonces, la Facultad de Agronomía comenzó un proceso de recuperación y conservación. En marzo de 2016 se presentó públicamente como espacio de memoria y, en 2017, el Consejo Directivo de la Facultad y el Consejo Superior de la UBA respaldaron institucionalmente su preservación y lo declararon Espacio de Memoria.
Un museo para transmitir la memoria
Los trabajos de puesta en valor incluyeron tareas de restauración de las inscripciones, mejoras en la accesibilidad y la incorporación de documentos históricos y una línea de tiempo que permite relacionar lo ocurrido en la Facultad con los principales acontecimientos de la década de 1970.
La nueva condición de museo permitirá ampliar la difusión de este patrimonio universitario y fortalecer su función educativa. Desde la Comisión de Derechos Humanos de la FAUBA señalaron que la iniciativa busca contribuir a la construcción de la memoria colectiva y promover la reflexión sobre la vida universitaria, los derechos humanos y la importancia de la democracia.
El Altillo forma parte ahora de la Red de Museos de la UBA, que reúne espacios universitarios dedicados a distintas disciplinas y áreas del conocimiento.
Una oportunidad para conocerlo
El próximo sábado 14 de noviembre, el museo participará de La Noche de los Museos de la Ciudad de Buenos Aires. Será una oportunidad para que el público pueda ingresar, conocer las inscripciones originales y acercarse al trabajo realizado para recuperar este lugar.
Para los vecinos de la Comuna 11, la propuesta suma una alternativa cultural en un barrio cercano y permite descubrir una parte de la historia universitaria que muchas veces permanece fuera de los circuitos habituales. Más que un conjunto de paredes con antiguas pintadas, El Altillo conserva las huellas de una época. Su recuperación permite que esas voces y testimonios sigan presentes, para que las nuevas generaciones puedan conocer lo sucedido y comprender el valor de la memoria, la libertad de expresión y la vida democrática.