Garitas de seguridad: ¿una solución real para las cuadras de Villa Devoto y Villa del Parque?

En las charlas de vereda, entre saludos y quejas por el tránsito o el colectivo que siempre llega tarde, un tema se volvió repetido en los últimos meses entre los vecinos de Villa Devoto y Villa del Parque: la inseguridad y las ideas locales para enfrentarla. En esa conversación, la instalación de garitas de seguridad ya no es un concepto lejano o “de otros barrios”, sino una propuesta concreta que algunos grupos están empezando a considerar seriamente.

La idea no surgió de un día para el otro. En varias esquinas, desde la zona de Nueva York y Chivilcoy hacia el centro de Devoto, y en las cuadras alrededor de la estación de Villa del Parque, cada tanto se escuchan relatos de robos aislados o motos que pasan rápido sin detenerse. Y aunque estos barrios de la Comuna 11 tienen indicadores de seguridad más altos que otras zonas del AMBA, según análisis especializados, eso no elimina del todo la sensación de vulnerabilidad que aparece a la noche o en calles más tranquilas.

En este contexto, las garitas de vigilancia —esas pequeñas casetas ubicadas en esquinas estratégicas con presencia de personal— volvieron a ponerse sobre la mesa como herramienta posible. La lógica es simple: tener un punto visible con persona encargada de observar, registrar movimientos y, en lo posible, comunicarse rápidamente si pasa algo raro. Pero como bien advierten los expertos, no es una solución mágica: su efectividad depende mucho del diagnóstico previo del delito en la zona, de la tecnología que se integra (cámaras, alarmas, comunicación constante) y del presupuesto que los vecinos o consorcios estén dispuestos a sostener en el tiempo.

¿Cuánto cuesta? A diferencia de lo que muchos piensan, no es sólo poner una casilla en la vereda. Según estimaciones actuales en el AMBA, una garita básica con estructura, vidrios templados e instalación eléctrica arranca desde alrededor de $1.200.000 de inversión inicial. A eso se le suma el pago del personal de vigilancia mes a mes, que en seguridad privada puede rondar un salario bruto mensual superior al millón y medio de pesos. Como alternativa, algunos grupos analizan servicios de policía adicional, donde la cobertura de ocho horas diarias durante un mes puede costar menos, aunque requiere disponibilidad institucional que no siempre está garantizada.

“Una garita sin tecnología reduce muchísimo su efectividad”, resume un experto en seguridad urbana: sin cámaras, comunicación directa con vecinos o con la fuerza pública y un plan claro de actuación, ese puesto fijo pasa más por presencia visual que por prevención real.

En las reuniones de consorcios o asados entre vecinos, las opiniones están divididas. Hay quienes ven la inversión como una forma de recuperar tranquilidad y, sobre todo, de articular entre varios frentes —vajillas de cámaras, iluminación, grupos de WhatsApp de alertas— para que la vigilancia no quede aislada. Otros, en cambio, advierten sobre la complejidad de sostener económicamente un servicio así sin que termine siendo un peso demasiado grande para cada familia.

Lo que sí aparece claro en las conversaciones de barrio es que la seguridad no es algo que se pueda delegar por completo. Sea con garitas, cámaras comunitarias o políticas públicas más cercanas, lo que los vecinos de Devoto y Villa del Parque parecen buscar no es sólo protección física, sino una sensación de cuidado colectivo en cada esquina, como cuando saludan a la mañana al almacenero de toda la vida. Y en ese diálogo cotidiano, las garitas son apenas una parte de una conversación mucho más amplia sobre cómo queremos convivir y cuidar nuestras calles.

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