Después de años de insistencia, reuniones, juntadas de firmas y reclamos sostenidos en el tiempo, Villa Santa Rita logró lo que durante décadas parecía imposible: tener su primera plaza. El barrio dejó así de ocupar un lugar incómodo en el mapa porteño —el de ser el único sin espacios verdes públicos— y abrió una nueva etapa. Lejos de conformarse, vecinos y vecinas ahora redoblan la apuesta y avanzan por un segundo espacio verde.
Leer más: Con el impulso de la pelea ganada por el primer espacio verde, Villa Santa Rita va por su segunda plazaLa iniciativa vuelve a surgir desde abajo, con el empuje del colectivo barrial Una plaza para Santa Rita, que ya había sido protagonista central en la conquista del predio de Álvarez Jonte al 3200, inaugurado en abril de este año. Aquella experiencia no solo dejó un espacio de encuentro donde antes había abandono, sino también una hoja de ruta: organización, visibilidad y presión institucional.
En ese camino, el nuevo objetivo tiene dirección precisa. El terreno está ubicado en Emilio Lamarca al 1702, en la esquina con San Blas. Se trata de un lote actualmente en desuso, que desde hace tiempo aparece entre las opciones señaladas por los propios vecinos como posible destino para una nueva plaza. Hoy, además, el predio está en venta, lo que abre la puerta a una operatoria similar a la anterior: la compra por parte del Estado mediante una ley de expropiación.
La novedad, en este caso, es el respaldo político que tomó el reclamo. Según informaron desde el colectivo vecinal, la Junta Comunal 11 resolvió impulsar un proyecto propio para que el predio sea destinado a espacio verde. La decisión no es menor: fue tomada por unanimidad de todos los comuneros, algo que desde la organización destacaron como un hecho poco habitual.
“No es común que una Junta Comunal abrace de forma unánime un pedido vecinal y lo convierta en un proyecto de ley”, señalaron en un comunicado. Para quienes vienen siguiendo este proceso desde hace años, el gesto tiene un peso simbólico fuerte. Marca, de algún modo, el reconocimiento institucional a una demanda que durante mucho tiempo no encontró respuesta.
El antecedente reciente juega a favor. La primera plaza del barrio también requirió de una ley específica para concretarse, luego de un largo recorrido que incluyó movilización vecinal, visibilización mediática y negociación política. Aquella experiencia demostró que, aun en una ciudad con escasez de tierra disponible, es posible generar nuevos espacios verdes si existe decisión política y presión social organizada.
Sin embargo, el objetivo de fondo va más allá de sumar un nuevo punto en el mapa. Desde el colectivo advierten que Villa Santa Rita sigue estando por debajo de los estándares mínimos de espacio verde por habitante. Por eso, en paralelo al proyecto sobre Emilio Lamarca, mantienen vigente otra iniciativa que contempla la creación de plazas en otros dos terrenos: uno en Concordia al 1500 y otro en Nazca al 1500.
En los últimos días, incluso, realizaron una nueva jornada de recolección de firmas en este último punto para reforzar el impulso legislativo. La estrategia es clara: no apostar a un solo predio, sino avanzar sobre varios frentes para garantizar un piso mínimo de superficie verde.
Los números explican la urgencia. Según detallan desde la organización, los lotes identificados son de tamaño pequeño a mediano. Eso implica que, de manera individual, ninguno alcanza por sí solo la dimensión necesaria para ser considerado formalmente una plaza. Recién con la concreción conjunta de estos espacios se podría llegar a unos 5.000 metros cuadrados, el umbral mínimo que establecen los criterios oficiales.
Mientras tanto, el barrio ya empezó a cambiar. La primera plaza no solo sumó árboles, juegos y bancos: también modificó la dinámica cotidiana. Aparecieron nuevos puntos de encuentro, se fortalecieron los vínculos entre vecinos y se generó una referencia concreta de lo que significa ganar espacio público en una zona históricamente relegada en ese aspecto.
Ese cambio, visible pero todavía insuficiente, es el motor de la nueva etapa. En Villa Santa Rita saben que el camino no es corto ni sencillo, pero también que ya no parten de cero. La experiencia acumulada y el respaldo institucional reciente configuran un escenario distinto.
La pelea, en definitiva, dejó de ser solo por una plaza. Ahora es por un barrio más habitable. Y, como quedó demostrado, cuando la demanda vecinal se sostiene en el tiempo y logra articular con la política, incluso los reclamos más postergados pueden empezar a hacerse realidad.