Quién era Bárbara Granado Schonholz, la joven médica que murió en Villa Devoto

Tenía 31 años, era neuróloga y había egresado de la UBA. Falleció tras bajar de un colectivo de la línea 134 en Chivilcoy y Nazarre, donde su mochila habría quedado enganchada en la puerta de la unidad.

El pasado viernes 10 de abril una escena cotidiana en Villa Devoto terminó en una tragedia que golpeó fuerte a vecinos, familiares, pacientes y colegas. Bárbara Rocío Granado Schonholz, una médica neuróloga de 31 años, murió tras ser atropellada por el mismo colectivo del que acababa de bajar.

El hecho ocurrió en la esquina de Chivilcoy y Nazarre, una zona de mucho movimiento dentro del barrio. Según los primeros testimonios, Bárbara descendía por la puerta central de un interno de la línea 134 cuando su mochila quedó enganchada al cerrarse la puerta. En ese momento perdió el equilibrio, cayó al asfalto y fue arrollada por la unidad, que había retomado la marcha.

Personal del SAME llegó al lugar pocos minutos después, pero no pudo revertir la situación. La muerte fue confirmada en la misma esquina donde ocurrió el siniestro. Tras el operativo, el conductor del colectivo fue detenido y la causa quedó caratulada como “averiguación de homicidio”.

La investigación ahora busca reconstruir con precisión qué pasó en esos segundos. Para eso serán claves los testimonios de los pasajeros, las personas que estaban en la zona y las pericias sobre la unidad. También se dispusieron los controles correspondientes al chofer y la intervención de los equipos técnicos que trabajan en este tipo de siniestros viales.

Pero detrás del hecho policial hay una historia personal que generó una profunda conmoción. Bárbara era médica, egresada de la Universidad de Buenos Aires, y se había formado como neuróloga. Había realizado su residencia en el Hospital Ramos Mejía, donde construyó parte de su camino profesional y dejó una huella entre quienes compartieron trabajo con ella.

Sus allegados la describieron como una persona dedicada, responsable y muy comprometida con su profesión. En redes sociales, familiares, amigos y colegas expresaron su dolor por una muerte inesperada y difícil de asimilar. Muchos destacaron su vocación, su trato humano y el futuro que tenía por delante.

Su padre, Carlos Granado, la despidió con una frase breve y dolorosa: “Un accidente me la arrebató”. Su madre, Alicia, también la recordó con palabras cargadas de amor y agradeció por los 31 años de vida compartidos junto a su hija.

La noticia provocó impacto no solo por la edad de la víctima, sino también por las circunstancias del accidente. Una maniobra de descenso, repetida miles de veces todos los días en la Ciudad, terminó de la peor manera. Por eso, el caso volvió a poner en discusión la seguridad en el transporte público y los cuidados necesarios en el ascenso y descenso de pasajeros.

En Villa Devoto, la esquina de Chivilcoy y Nazarre quedó marcada por una tragedia que todavía duele. Bárbara no era solo una pasajera que volvía a su rutina. Era una joven médica, hija, amiga, colega y profesional de la salud que había elegido cuidar a otros.

Ahora, mientras avanza la investigación judicial, su entorno intenta despedirla en medio del dolor. La causa deberá determinar responsabilidades y establecer cómo se produjo el siniestro. Para quienes la conocieron, en cambio, el recuerdo de Bárbara quedará ligado a su vocación, su sensibilidad y una vida que se apagó demasiado pronto.

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