Una manzana con más de un siglo de historia vuelve a abrir el debate sobre el futuro de Monte Castro

Detrás de un largo muro que ocupa toda una manzana entre Monte Castro y Floresta se esconde uno de los predios con mayor carga histórica del oeste porteño. Durante décadas funcionó allí el Instituto Manuel Rocca, un establecimiento que marcó a varias generaciones. Hoy, después de años de abandono y proyectos que nunca terminaron de concretarse, el lugar volvió a quedar en el centro de la escena.

En los últimos días comenzaron trabajos sobre el perímetro del predio y eso despertó la atención de muchos vecinos, que rápidamente se preguntaron qué destino tendrá finalmente ese enorme espacio ubicado entre las calles Sanabria, Elpidio González, Mercedes y Mariano Acosta. La respuesta todavía está en discusión, pero el movimiento de máquinas reactivó un debate que lleva varios años abierto.

La Ciudad inició tareas para abrir parte del frente del terreno con el objetivo de generar un nuevo espacio verde de acceso público sobre una de sus esquinas. La intervención representa el primer cambio visible en un predio que permanece sin uso desde hace más de una década y cuya transformación viene siendo motivo de proyectos, iniciativas legislativas y reclamos vecinales.

Sin embargo, para muchos habitantes de Monte Castro el tema va mucho más allá de una obra puntual. El antiguo Instituto Rocca forma parte de la memoria del barrio y su historia se remonta a comienzos del siglo XX.

El origen del predio está ligado a Manuel Rocca, un inmigrante genovés que desarrolló una importante actividad comercial en Buenos Aires y decidió destinar parte de su patrimonio a obras de carácter social. En su testamento dejó tierras y recursos económicos para la construcción de un hospital y de una escuela destinados a los sectores más vulnerables de la zona. Con el tiempo, esas instituciones fueron creciendo y modificando sus funciones hasta dar lugar al establecimiento que los vecinos conocieron durante décadas como el Instituto Rocca.

Con los años, el lugar cambió varias veces de dependencia y de función. Lo que comenzó como un espacio educativo terminó convirtiéndose en un centro de régimen cerrado para menores. Tras su cierre definitivo, el edificio quedó vacío y comenzó un largo período de deterioro.

Desde entonces surgieron distintas propuestas para reutilizar la manzana. En 2019, uno de los proyectos impulsados por el Gobierno porteño contemplaba la venta del predio para desarrollar emprendimientos inmobiliarios. La iniciativa encontró una fuerte resistencia de vecinos, organizaciones barriales e instituciones de la zona, que reclamaban preservar el espacio para usos comunitarios. Finalmente, esa propuesta no prosperó.

En paralelo aparecieron otras alternativas. Una de las más conocidas fue la impulsada por el Club All Boys, que propuso transformar el lugar en un polo educativo, deportivo y recreativo, incorporando una escuela, un jardín de infantes, espacios verdes y nuevas instalaciones para actividades sociales. La iniciativa obtuvo respaldo de distintos sectores y llegó a avanzar en la Legislatura porteña, aunque todavía no tiene una definición definitiva.

Ahora, el inicio de las obras para abrir una parte del terreno volvió a instalar el tema en la agenda del barrio. Para algunos vecinos representa un primer paso hacia la recuperación de un espacio que permaneció cerrado durante años. Otros consideran que todavía falta discutir cuál será el destino integral de toda la manzana y cómo garantizar que conserve un uso público.

La ubicación del predio explica buena parte del interés que despierta. Se trata de una de las últimas grandes superficies disponibles en una zona donde predominan las casas bajas y donde cada espacio verde tiene un enorme valor para la comunidad.

Monte Castro conserva una fuerte identidad barrial. Sus calles tranquilas, el predominio de viviendas familiares y la intensa participación de instituciones vecinales hicieron que, históricamente, los grandes proyectos urbanos fueran seguidos muy de cerca por quienes viven en la zona. No es casual que el futuro del ex Instituto Rocca genere tantas opiniones y movilice a organizaciones, clubes y juntas históricas.

Más allá de cuál sea la decisión final, el consenso entre muchos vecinos parece claro: después de tantos años de abandono, el predio necesita recuperar una función que beneficie al barrio.

La apertura de un sector como plaza puede convertirse en el comienzo de esa recuperación, pero el verdadero desafío será definir qué ocurrirá con el resto de la manzana. Allí se cruzan distintas miradas: quienes priorizan nuevos espacios verdes, quienes impulsan proyectos educativos y deportivos, y quienes consideran que el legado de Manuel Rocca debería respetarse a través de un uso comunitario.

Mientras las obras avanzan sobre uno de los frentes del terreno, Monte Castro vuelve a mirar hacia esa manzana que durante décadas permaneció detrás de un muro. Un lugar cargado de historia que hoy ofrece una oportunidad para pensar cómo aprovechar uno de los últimos grandes espacios disponibles del barrio sin perder de vista su identidad ni la memoria de quienes hicieron posible su existencia.

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