La medida se produjo en simultáneo con el cierre del Instituto Nacional de Juventudes. Trabajadores despedidos del espacio ubicado en la esquina de Beiró y Chivilcoy reclamaron su reincorporación y advirtieron sobre el impacto en las políticas destinadas a adolescentes y jóvenes.
La Casa de Juventudes, ubicada en la esquina de la avenida Francisco Beiró y Chivilcoy, cerró sus puertas en el marco de una nueva tanda de despidos en organismos nacionales. El espacio, que hasta 2023 dependía del Ministerio de Desarrollo Social y luego pasó a la órbita del Ministerio de Capital Humano, llevaba adelante actividades y programas vinculados con educación, empleo, género, formación profesional y acompañamiento a jóvenes.
La decisión coincidió con el cierre del Instituto Nacional de Juventudes (INJUVE), organismo encargado de diseñar y coordinar políticas públicas orientadas a ese sector de la población.
A través de un comunicado, los trabajadores despedidos señalaron que el cierre definitivo de la Casa de Juventudes fue informado en el contexto de la política de ajuste impulsada por el Gobierno nacional, bajo la gestión del presidente Javier Milei y de la ministra de Capital Humano, Sandra Pettovello.
Según expresaron, el cierre implica el fin de las actividades de una institución que durante 2023 realizó 83 talleres, articuló acciones con 70 escuelas y acompañó a más de 4.500 jóvenes. Las propuestas abordaban distintas problemáticas vinculadas con la continuidad educativa, la inserción laboral, la formación para el empleo, la prevención de violencias y el acceso a derechos.
“Esta decisión implica el cese de actividades de una institución que trabajó de manera sostenida con jóvenes en un contexto social y económico cada vez más complejo”, señalaron desde el sector afectado.
Los trabajadores también denunciaron que la situación se venía deteriorando desde el cambio de gobierno, con recortes salariales, falta de pago de servicios básicos y ausencia de designaciones de autoridades responsables para garantizar el funcionamiento del área.
En ese sentido, cuestionaron que el cierre se produzca en un momento en que muchos adolescentes y jóvenes atraviesan dificultades para sostener sus estudios, acceder a un empleo formal o encontrar espacios de orientación y acompañamiento.
La Casa de Juventudes funcionaba como un punto de referencia para escuelas, organizaciones sociales, familias y jóvenes de distintos barrios de la Ciudad. Allí se dictaban talleres y se impulsaban actividades de formación y participación, muchas de ellas articuladas con instituciones educativas y comunitarias.
Desde el colectivo de despedidos reclamaron la reincorporación de los trabajadores y la restitución de las políticas públicas destinadas a las juventudes. También pidieron que se garantice la continuidad de los programas que se desarrollaban en el edificio de Beiró y Chivilcoy.
“El cierre no solo deja sin trabajo a quienes sostenían el espacio, sino que también afecta a miles de jóvenes que encontraban allí herramientas, información y acompañamiento”, remarcaron.
El reclamo se suma a las denuncias de distintos sectores estatales frente a la reducción de programas, organismos y equipos de trabajo vinculados con áreas sociales, educativas y de acompañamiento comunitario.